Lo que no son el MEC, el ECVET y el reconocimiento del aprendizaje previo: mitos y realidades

Muchos países se sienten obligados a implementar un sistema de formación profesional concreto para seguir los objetivos y estrategias políticas desarrolladas por la Unión Europea.

 

Esos temores son infundados ya que en la Unión Europea los Estados miembros son los responsables de la educación y está prohibida cualquier tipo de armonización iniciada por la Unión Europea en el campo de la educación. En lugar de ello, la Unión Europea y sus instituciones cumplen únicamente una función de ayuda. De acuerdo con el artículo 165 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, la Comunidad

 

“debe contribuir al desarrollo de una educación de calidad fomentando la cooperación entre los Estados miembros, a través de acciones como el fomento de la movilidad de los ciudadanos, el diseño de programas de estudio conjuntos, el establecimiento de redes, el intercambio de información o la enseñanza de lenguas de la Unión Europea. El Tratado también contiene un compromiso para promover el aprendizaje permanente para todos los ciudadanos de la Unión”.

 

Si los Estados miembros desarrollan unos objetivos, instrumentos y estrategias comunes, esto se hace de modo voluntario. La Unión Europea busca animar a los Estados miembros a mejorar la calidad de su educación y sistemas de formación, no a obligarlos a adoptar unos objetivos específicos. Sin embargo, una vez que todos los Estados miembros y la Unión Europea hayan acordado y desarrollado unos objetivos comunes, la Unión hace un seguimiento y publica la posición de los Estados miembros en la consecución de esos objetivos.